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A continuación relacionamos lo que de nuestra Titular, la Divina Pastora de las Almas de Triana, se ha dicho en los últimos pregones de las Glorias de Sevilla.

 

· 1973: Manuel Lozano Hernández

 

Y en mayo, la Divina Pastora es María que en San Martín, en Santa Ana y Capuchinos mueven a la oración, a Comunión y a Salve.

 

 

· 1986: José María Rubio Rubio

 

Sevilla se hace primavera en la Divina Pastora que convoca su rebaño para atraerlo al redil de su cobijo; (…) que espera en la Real Parroquia de Santa Ana que vuelvan los tiempos dichosos en los que su cayado amansaba las aguas del Guadalquivir en su ansia de correr bajo los puentes.

 

 

· 1990: Juan Foronda Blasco

 

Así contemplamos la Catedral trianera, sede de magníficas Hermandades, como (…) la Divina Pastora de las Almas, cuya devoción llevara a Triana un fraile capuchino siendo párroco de Santa Ana.

 

 

· 1994: Joaquín Caro Romero

Y las otras, ¿dónde están?

Me lo dice una campana.

Una la tiene Triana

con el tierno Rabadán.

Hacia San Antonio van

los rebaños vespertinos,

y por todos los caminos

quisiera ser tu pastor,

que por servirla mejor

me ordenaré capuchino.

 

· 1995: Aurelio Verde Carmona

Cuatro rediles tiene

la amanecida aurora:

de Divina Pastora

todo el alba se llene.(…)

Y hollando por Santa Ana

la grey de tu rebaño

sin subir un peldaño

tiene el Cielo en Triana.

 

· 1996: Carlos Peinado Sánchez-Lamadrid

 

¡Qué alegría sentí al ver de nuevo por las calles de Triana, a la Divina Pastora de Santa Ana, cuidando su redil! Desde aquí vaya mi aplauso, para aquellos jóvenes que han logrado recuperar la procesión de esta imagen por la que tanto luchó el Padre Míjares.

 

 

· 1998: Tomás del Rey Tirado

 

Dejadme que repose mi cansancio en esta égloga interminable de los rediles del alma de Sevilla, donde Ella pastorea: en la calle Amparo, en San Antonio, en los Capuchinos, en Santa Ana…

 

 

· 1999: Carlos Muñiz Romero, S.J

 

¿No son propiedad de Dios los sencillos rebaños que guían y cuidan los pastores, cómo nos está diciendo la Divina Pastora, (…) con la seriedad evangélica de quien nos habla del pastoreo de las Almas allá en Triana(…)?

 

 

· 2000: Joaquín de la Peña Fernández

 

Pastoras de nuestras almas que marcan en Triana, San Vicente y San Juan de la Palma las atalayas desde donde explicar al mundo el milagro de nuestras Hermandades de Gloria.

 

 

· 2001: Enrique Barrero Rodríguez

Cuando presientas, Señora,

la amenaza de algún daño

o se disgregue el rebaño

en la más incierta hora,

no olvides que eres Pastora

de los sueños de la vida.

 

Dale redil y guarida

al alma que en Ti confía.

Que si de Ti se extravía

sola queda, y aturdida.

 

Si el rebaño desespera

señala con tu mirada

la vereda, la cañada,

el manantial, la ribera.

 

Y al llegar la primavera

con el dedo levantado

señala el lugar del prado

donde al alma se le alcanza

el pasto de la esperanza

y el descanso tan soñado.

 

Santa Marina, Capuchinos,

San Antonio o Santa Ana,

se Tú siempre la guardiana

del rebaño y sus destinos.

 

Señala Tú los caminos

y la vereda sencilla.

Pues no hay mejor maravilla

que saberte a Ti, Señora,

eternamente Pastora

en el redil de Sevilla.

 

· 2002: José Antonio Fajardo Romero

 

Las horas del día transcurren y María sale al atardecer vestida de Pastora. Casi al comienzo de mis palabras manifesté que era una evidente realidad el hecho de que la Virgen María nació en Nazaret. Pero Sevilla tenía que demostrar al mundo cristiano que una advocación, Pastora, tuvo su luz en esta ciudad. En San Gil está su partida de nacimiento, porque Fray Isidoro tuvo el enorme acierto de considerar a la Virgen como Madre del Buen Pastor.
 
Si entendemos el vocablo pastora como la que cuida y guía a su rebaño, la Virgen María fue Pastora del Verbo que encarnó, dándole el primer templo que tuvo Dios en la tierra al llevarlo en su vientre. También fue Pastora al darle su corazón; la primera escuela que tuvo Cristo Niño (…)
 
Y en Triana, Pastora con ojos negros de mujer andaluza, que transmites a tus hijos al final del verano la alegría de tu cara a orillas del río. Un Guadalquivir que sirvió de alfombra celestial al convertir sus aguas en camino de flores cuando navegaste en barca de Reina para celebrar un Patronazgo que los deportistas te ofrecieron.

 

 

· 2003: Carlos López Bravo

Cuatro riscos florecidos,

los que su cayado guarda,

Capuchinos, San Antonio,

Santa Marina y Santa Ana.(…)

 

Santa Ana

en la vega esplendente de Triana,

entre alfares y forjas, y bajeles

anclados a la sombra de sus casas.

Y ese río que baja hasta Sanlúcar,

la Pastora romántica acunaba,

nacida del calor de un capuchino

que el fervor de sus fieles avivara,

y mecida entre los mimbres de su orilla

por los cantes gitanos de la Cava.

Y venera Santa Ana una Pastora

de dulzura y belleza extraordinarias,

de unos ojos luceros de azabache

donde asoma el fulgor de la Esperanza.

Hoy suspira la tarde de septiembre

al doblar el pretil del Altozano

que hoy Sevilla a su barrio más querido

por la calle del Betis se ha asomado

para ver su perfil y su finura

y el color de ese rostro tan gitano.

¡Pastora celestial de Santa Ana

vuélvenos al redil con tu cayado!

Cuatro riscos florecidos,

los que su cayado guarda,

Capuchinos, San Antonio,
Santa Marina y Santa Ana,

cuatro prados de Sevilla,

cuatro rebaños de almas.

 

Venid juntos pastoreños,

que aunque cuatro riscos guarda,

que aunque los prados sean grandes,

que aunque la ciudad sea varia,

una sola es nuestra Iglesia,

una sola nuestra Casa,

y es una sola la Madre

que vela con su mirada.

 

Venid juntos pastoreños

a la voz de su llamada,

cuando quiera que nos busque:

con las claritas del alba,

al atardecer el día

o bajo noche estrellada.

 

Venid juntos pastoreños

en la fe que nos hermana,

que uno solo es el legado

de devoción sevillana

que soñó Fray Isidoro

para que el mundo adorara

a esa Dulce Campesina

que con su cayado guarda,

nuestra vida y nuestra muerte

de día y de madrugada.

¡Pastora de mi Sevilla!

¡Pastora de nuestras Almas!

 

 

· 2004: Enrique Casellas Rodríguez

Y yo que aprendí a rezarte

con costales y alpargatas

un buen día allí crucé,

porque sentí tu llamada.

Yo que conocí tu altar

sin flores y sin plegarias,

hoy doy gracias a los cielos

porque al calor de unas andas,

allénde el puente, sentí

como una herencia olvidada,

de bondad y pastorado,

volvió a iluminar las caras

de los que se resistieron

a dejarte abandonada

y a perderse del cayado

de su humilde Soberana.

Ya no hay quien pueda olvidarse

de tu aroma y tu elegancia,

ni de tu sencillo nombre,

ni de tu humilde enseñanza,

ni de tu dulce figura,

color de jazmín al alba.

Ya se olvidaron los tiempos

de esa soledad callada

que privó a los trianeros

de ver como te acercabas

pastoreando en tu paso

como Pastora cercana.

Ya no te dejará sola

nunca tu barrio, Triana.

 

· 2005: Antonio Muñoz Maestre

 

Después de exaltar su pureza, Sevilla quiso acercarla a su suelo. Fray Isidoro la soñó rodeada de naturaleza, y acudió a una de las más bellas metáforas del Redentor, cuando se autodefinió como el Buen Pastor que entrega la vida por sus ovejas. El pueblo fue convertido, por obra y gracia del Padre que habla al hombre en sus sueños, en redil fiel que se cobija en su Palabra. Si no hay mejor metáfora para simbolizar la entrega de Dios que la del Buen Pastor, tampoco existe figura más bella que la Divina Pastora para expresar el cariño de una Madre.
Por eso, Madre del mundo, nunca estaremos saciados de tu presencia bajo tan hermosa advocación, y te lo repetiremos en cada rincón necesitado a la vez de protección maternal, y de belleza. (…) Cielo de crucería en Santa Ana y rebaño fiel en tus calles trianeras, pueblo vivo de Dios para ti, Madre y Patrona del Deporte.

 

 

· 2006: Maruja Vilches Trujillo

 

Posiblemente después de este día, podré bajar de la nube en la que me encuentro, desde la designación por el Consejo para ser la embajadora de las Glorias de la Virgen. Muchas son las cosas que desde entonces me han sucedido y en más de un medio de comunicación al que he sido llamada, he tenido la oportunidad de contar, sin embargo y aunque lo anuncié en algún acto, me he reservado para hoy el relatar las dos ocasiones en las que he sentido la mano de María. Yo un poco vanidosa le di el nombre de milagro, como comprenderéis era una manera andaluza de hablar, simplemente fueron pequeños pétalos que la Virgen quiso desgranar sobre este pregón, como dando firmeza a mis pensamientos.
Me acerqué en visita deseada hasta la casa de la Señá Santa Ana, catedral trianera allende el río. Presidía el Altar Mayor La Pastora Divina, su cara de serenidad angélica, dedicaba su más amorosa mirada hacía aquel rebaño, que acudía esperanzado a sus plantas. Era la Función Principal de Instituto, oficiada por nuestro querido Cardenal D. Carlos Amigo. Saludos del Hermano Mayor, de autoridades, de miembros de Junta. El librito finamente elaborado con la liturgia que acompañaba al día, se me entregó a la llegada. Lo abrí con atención para seguir el orden establecido y en la lectura del Salmo Responsorial, mis ojos atónitos tropezaron con el Magnificat. Llevaba debatiendo varios días esta oración para el comienzo del Pregón y La Pastora de Triana me lo sirve en fino libro. Por si no fuera suficiente y asistiendo a la misa dominical, por segunda vez y anunciado desde el Altar, el Magnificat volvió a resonar en mis oídos, inundando mi alma de gratitud. ¿Cómo llamamos a lo ocurrido?, ¿Casualidad?, ¿Premonición?, ¿Cosas que pasan?... sentí una vez más la protección a la que me tiene acostumbrada María, mi Madre.
Pastora de Triana, fantasía hecha realidad, devoción íntima del Padre Mijares, que reposa eternamente a sus plantas, romanticismo hecho Virgen para gloria de todos los que te admiramos. Allí, ocupando el Altar Mayor, una mirada permanecía fija en su figura.

Como te mira Santa Ana

y te previene bajito,

que no tardes por Triana,

cuando sales de paseo

buscando entre flores blancas,

almas para acariciar,

Tus manos inmaculadas.

 

· 2007: José Antonio Rodríguez Benítez

 

Hoy mi recuerdo se encamina hacia aquella Virgen que añora el sonido de las sandalias del Padre Mijares, en aquel trascoro, donde el tiempo parece pasar de puntillas, a velocidad de niño. Me vuelvo centinela ante los ojos de la Pastora que en Santa Ana siembra su dehesa de montañas y pinares nuevos.

Mentiría si te dijera que aquella última oración que te recé, antes del Pregón, no me sentí algo extraño, ajeno de lo cotidiano, cuando clavé mi mirada en su rostro.

¡Qué desconcertante luz se agita en sus ojos, que provocan que vea en ellos los de la Esperanza de Triana! ¡Qué procesión de luces negras desfilan por el borde de sus pupilas dibujando un perfil oscuro! 

No se, si esos ojos algún ángel los ha teñido de azabache. No lo sé. Sin son producto de una madrugada o de una tarde de septiembre. 

Misteriosamente, cuando la noche de luna de nissán bebe el viento de sus horas, una hilera de nazarenos cubiertos por su antifaz salen en procesión desde Santa Ana para incorporarse a los tramos que marchan de la Capilla de los Marineros. ¿Acaso es que tú, Pastora, también pones nazarenos en la calle? ¿Acaso esos penitentes, que sólo muestran sus pupilas a través de una tela, son enviados tuyos? 

Dime, Pastora, si esas manos de almíbar endulzadas que hoy sostienen el cayado, son las manos que una madrugada de Viernes Santo deslizaron entre sus dedos la húmeda tela de un pañuelo. Quizá parezca una osadía pero os contemplo, Esperanza y Pastora, y las dos me parecéis la misma imagen.


He visto luz en tus ojos
a través de una cancela.
Yo sabía que eras Pastora
de tu rebaño de ovejas.

Sabía que en el trascoro
de aquella Catedral vieja
todos los jueves del año
una oración te confiesan.

Hoy, al mirar tus pupilas,
esas que enganchan de veras.
no sabía si eras, niña
de pinares y dehesas
o si eras la que a Santa Ana
vino en marzo en parihuelas.

He mirado tus pupilas,
contemplándolas de cerca,
y he visto en ellas la Gloria
y el dolor de la Cuaresma.

Porque en tus ojos, Pastora,
la Esperanza se refleja.
Ese cristal donde ancla
la historia de Galilea
que quiso llamar Triana
a su embajada sureña.

Los ojos con los que miras
esconden una certeza.
Lo pregonan los vecinos
que se encierran tras las puertas,
rumores del Altozano,
murmullos de la Plazuela,
lo han escrito en un soneto
y me han cedido su letra:

Dime a quién pertenece esta locura
que me lleva de Santa Ana hasta Pureza.
¿A quien mi corazón es el que reza?
¿A la Virgen de septiembre singladura…

…la que salió en abril de penitencia?
¿Qué es lo que guarda tu mirada oscura?
¿Por qué veo en tus pupilas mi atadura,
que os comparo y no encuentro diferencia?

Esta duda se me hace delatora,
no me hagas que decante la balanza:
Penitencia, para mí, es, también, gloria.

Veo a las dos y establezco la alianza,
y al mirarte a losojos veo, Pastora,

la razón que me lleva a la Esperanza.

 

· 2008: Irene Gallardo Flores

A mis dos abuelas nadie las presentó y jamás se conocieron.

Mi abuela Ana, nació en Montánchez, era mi abuela materna, apenas si conviví con ella unos meses. Fue muy devota de la Virgen del Carmen. Me dejó entre sus recuerdos, un escapulario carmelita gastado por los años.

Mi abuela Concha, nació en Triana, cantaba flamenco y saetas como los ángeles. Acudía a misa a Santa Ana y su devoción la depositaba a las plantas de la Señora del Carmen, que la Abuela de Dios acoge en su Parroquia y ante la Virgen del Rocío, que Almonte cobija.

De ambas, después del tiempo, he heredado la devoción Carmelita.

De mi abuela Ana su escapulario, de mi abuela Concha mi amor a Triana.

Todo me lleva a Triana y Triana a Ti, Pastora.

Más de cien años viviendo en la gloria de los Cielos, que es como decir Triana.

A la vera de tu Madre, esa Señora Santa Ana de regio porte trigueño, que se desvive en cuidarte.

Soleares de Triana suenan a compás del paso, mientras la tarde agoniza en un septiembre templado, que va buscando el otoño entre los mimbres del río.

Todo me lleva a Triana y Triana a Ti, Pastora.

Junto al risco de tu peña, te están diciendo piropos el párroco Martín Pérez y el devoto Padre Míjares, el Arcángel San Miguel y el Franciscano Isidoro, requiebros que por las calles se van convirtiendo en Salves.

Hay un cielo de cohetes en la Plazuela Santa Ana, cuando suena el tintineo del collar de tus ovejas y el barrio regresa al barrio de devoción heredada, que nunca dejó de ser esta bendita Triana.

Todo me lleva a Triana y Triana a Ti, Pastora.

Se está durmiendo la luz y en tu pelo de azabache busca refugio la tarde. Llega la calle Pureza y el Cielo viste de arte, desde el se asoman tus hijos para volver a mirarte.

Rafael Ariza "El Viejo", toca el martillo con arte y Demófilo te hace con la palabra del duende una crónica de historias que recuerda al viejo Betis. Belmonte en el Altozano, baja los brazos y extiende en un capote de sueños, flores de aromas intensos para que tu pie derecho nunca repose en el suelo. Maireles con sus pinceles, te deja escrito en la noche la leyenda imaginaria que en Ti se hizo realidad, y es que en Septiembre Pastora, "Triana te esperará".

Todo me lleva a Triana y Triana a Ti, Pastora.

En tus enaguas de seda llevas prendido Señora, los amores de tu barrio y los suspiros del Río que aquel día te acunara, con la brisa de bonanza que viene desde Sanlúcar y las espumas de sal que llegan desde la barra. Y hasta el puente abrió sus ojos, de oscura forja trianera, para mirarse en los tuyos, del color canela.

Todo me lleva a Triana y Triana a Ti, Pastora.

Cruza ese puente Pastora y despídete del río.

Dile hasta luego a Santa Ana y saluda a la Capilla.

Que Mayo vino por Ti con el sol y nuevo brío

como regalo de amor que a Ti te ofrece Sevilla.

Pastora de las promesas y de devoción sincera

permite dejarte el beso de ésta pobre pregonera

repleto de sentimientos de mi sangre trianera.

Porque todo me lleva a Triana y Triana a Ti, Pastora.

 

· 2010: Víctor García-Rayo Luengo

 

Estoy, Monseñor, explicando a mis hijos que las Glorias de Sevilla son el bálsamo del corazón, la promesa cumplida, la certeza del cielo. Les estoy enseñando el regalo de la fe en Cristo Resucitado. Ellos son los dos luceros de mi barca, son dos hijos del amor. Por eso me conmueve tanto que su madre les explique cuánto deben amar a Dios, por eso recuerdo emocionado cuando mi mujer les enseñó a entrelazar sus manitas y dar gracias al cielo antes de marchar a la cama. Todos los días.

Monseñor, ellos pasaron vestidos de blanco buscando la Esperanza en la mañana del Viernes Santo por delante de la casa de la Pastora, a cuyas manos encomiendo el amanecer más hermoso que jamás he vivido.

En la madre del Buen Pastor, cuya refundación correspondiera a grandes amigos como Esteban Romera, deposito yo también las uvas, el queso y la miel. Y descanso en Ella el futuro de mis hijos. Porque pasaron por su puerta, y Ella les sonrió. Aquí me tienes Pastora.



Y aquí tienes Tú mi piel
para que esquiles la lana.
Y hagas con ella jirones
con tijeras de la cava.
Y que la vendas al peso
por la plaza de Santa Ana.

Que se jueguen a los dados
los romanos sus hazañas.
Que calle el viento del norte
y susurre en la espadaña.
Que me quiten la costumbre
de acudir a la Maestranza
Que se lleven las cornetas,
las valientes madrugadas,
que me aflijan, que me culpen,
que me destierren de España.
Que nadie me mande un beso
cuando amanezca mañana.

Arranca a jirones mi piel,
esquila toda mi lana.
Pero que nadie me quite,
que no respondo en templanza,
la carita siempre dulce
de mis hijos a tus plantas,
los churretes marineros
y sus manitas heladas,
venciendo al sueño, al cansancio,
partiendo el labio del alma,
que será la única vez
que yo cobre una venganza.
Porque me hierve la sangre
y se desboca mi calma,
cuando sueño con mis hijos,
de blanco aquella mañana.
Dos soldados marineros
que buscaban Esperanza.
Dos ovejas del rebaño,
el orgullo de mi casa,
y pasaban por delante
de la plaza de Santa Ana,
Y ví que Tú sonreías,
mi Pastora de Triana.

 

· 2011: Abel González Canalejo

El mes de septiembre nos trae también la festividad de la Natividad de María, que bebió nacer – cómo no – en la casa de su Madre. Y la Madre de la Virgen, en Sevilla, ya se sabe quién es y dónde vive: Es la “Señá Santa Ana”, Divina Abuela, vecina de Triana.Y de casa de su Madre sale cada septiembre la Divina Pastora de Triana para apacentar su rebaño, abrazándose en fervores otoñales a la Divina Pastora de San Antonio, la más tempranera de todas, pues ya en mayo condujo su redil por las calles de su feligresía.Pero hablando de pastoras tempraneras, cabe destacar a la Divina Pastora de Santa Marina: primera advocación mundial de la Pastora de las Almas. Antes de Ella, no hubo otra Virgen Pastora en el Mundo, porque la parió Sevilla en 1703.Sevilla le puso el callado y el sombrero en Santa Marina para hacerla – al cabo – vecina de la calle Amparo.¡Qué gloria más grande – cofrades de Sevilla – haberle dado a la Cristiandad una advocación de María!:

 

Toda Sevilla se ufana

de esta bella campesina.

Nacida en Santa Marina

no la hay más sevillana.

 

Y el pregonero lo clama

presumiendo sin reparo

y lo dice alto y claro:

Le debe el Mundo a Sevilla

esta octava maravilla

que vive en la calle Amparo.

 

 

Y cruzando al otro lado

otra Pastora Divina,

que es de la Cava vecina

pastorea su ganado.

 

Apacenta a su cuidado

todo el redil de Triana.

Y Triana se desgrana

y de amores se desvela,

por la Madre y por la Abuela

en su Iglesia de Santa Ana.

 

 

Pero aún queda otra Pastora:

La hallaréis en un convento

cerquita de San Lorenzo

en el mismo punto y hora.

 

En el mes de mayo aflora

con sus aires campesinos.

Floreciendo los caminos

y acortando la vereda,

que de San Antonio lleva

al Convento Capuchino.

 

· 2012: Lutgardo García Díaz

 

Quiero Inés contarte un sueño… 

Los montes, al sol pesado de la tarde comulgaban. Y el viento puso en la hora su sorpresa de navaja, se abría el primer lucero mientras el niño cerraba los ojos para entregarse al sueño, como una barca a la que llevan las olas ha­cia la mar honda y alta. Soñó un campo, soñó olivos –rectas hileras de plata-, alcornoques de hoja recia, y la nieve de las jaras. Soñó una luz en los lirios, bro­chazos de color malva, y el susurro de un riachuelo acariciando las cañas, y una dehesa sin lindes donde pastaban las vacas inmóviles, mudas, lentas, guardando su sangre brava.   Allí cerca bajo el árbol donde la sombra creaba un juego de contraluces bajo la paz de las ramas, una pastora tenía, dormida sobre su falda, un borreguito pequeño como algodón en el alba. Sus labios dos frutas tiernas, sus dedos entre la lana –blancura sobre lo blanco- con caricias se mezclaban y la pastora reía mirando el poniente en calma mientras la brisa tranquila con su cabello jugaba.   

Pasó el tiempo, pasó el niño, y aquel sueño de la infancia siguió viviendo en el hombre con la fuerza de una llama. Una tarde de septiembre cuando el es­tío se acaba dando estertores de luces que se van tornando en ámbar, el hombre supo que el sueño vivía, sí, y que estaba en un barrio donde el río se refleja en las fachadas. 

En la tarde de septiembre, sobre una loma sembrada, entre el baile de las velas,  con un frescor de vaguada y aromas de campo abierto sobre el suelo de las andas,  la imagen de la Pastora la calle pastoreaba. Pastoreaba la risa y los sueños de Triana, la voz de los que la amaron y sembraron sus plegarias en la blanqueada capilla que es como celda de hermana de la Cruz del Cristo pobre que predicaba Sor Ángela.

En la tarde de septiembre -barrio de sal y de agua, de cerámica y de velas que sueñan vientos de plata- la calle se hacía campo, tornábase sol la plaza,  sur­co donde la semilla del Evangelio cuajaba, era de luz donde el aire acarreaba la parva dejando caer el grano de los trigos que se aplastan por convertirse en hari­na que en el altar se consagra. Olivar de verde sangre de gordales y hojiblancas, viñedo que el mosto nuevo de la vida eterna guarda, huerta, trigo, sol, acequia, surco, rastrojera, grama, yema, tallo, leña, cielo, umbría, pinar, cañada… quería ser cada calle cuando pasaba su cara.

Y el niño que aún vivía, y el niño que aún soñaba en el corazón del hom­bre donde aun respira la infancia, pensó al ver aquella imagen, aquella bendita estampa del Cordero Inmaculado tranquilo bajo la palma de la mano:  sé Pas­tora, de mis sueños y esperanzas, sé Pastora de mis dudas, y de mis noches en calma, en las horas de tormenta llévame hasta tu majada, hazme oír al Pastor Bueno si en el monte me llamara por guardarme de los fríos, de la lluvia y las heladas. Dame paz en tu regazo, sé Pastora de mi alma, llévame al redil de oro que es tu barrio de Triana.

 

· 2013: Antonio Gila Bohórquez

 

Eres la Madre que quiso

tener de abuela a Santa Ana,

mirarse en aquel reflejo

que en Pureza nos alcanza

cuando el río y su vertiente

traen el mar de la Esperanza.

 

Quisiste nacer sencilla

hispalense entre montañas

dibujada en azulejos

con la tinta de Sor Ángela,

para ser así Patrona

de las Novicias Hermanas.

 

Quisiste cruzar el puente

que nos lleva a toda España

siendo siempre el referente

del deporte que nos alza.

Has querido ser la Reina

por las calles de este magma

que en Sevilla tiene nombre

y es el Barrio de Triana.

 

 

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